De regidores y otras bromas tristes. Parte I

Si habláramos de un piso parejo, es decir, sin la maquinaria añeja pero efectiva del panismo y sin el efecto AMLO, Javier Mendoza sería, por mucho, gobernante de Celaya por segunda ocasión.
Desgraciadamente en la política celayense aún no existen pisos de ese azulejo, sino azulejo azul, y aquí tenemos la primera desgracia. Don Javier había construido un cuerpo de regidores ideal para gobernar con él de la mano, es decir, escogió personas con preparación e ímpetu pero sin chip político, ese chip desde luego lo tendría él a la cabeza, ideó una buena “máquina” si pensamos en un diseño de gobernante.

Los resultados de la elección fueron diferentes, y ahora tres motores de esa máquina están adentro del gobierno pero sin el chip a la cabeza, por lo que han tenido qué defenderse como han podido ante las novatadas, aprendiendo como pueden a ser algo que no querían ser después de la campaña: oposición.

Y no es que no lo sean, pero hay qué comprender que al no abrazar ninguna ideología en concreto, los tres regidores javieristas se ven obligados a ir a ciegas (e intentando no despegarse entre sí) dibujando su propio marco político, aquel con el que toman decisiones, y por ello en más de una ocasión se han visto lentos o francamente perdidos. La máquina de Javier es un avión abajo del agua.

Esto se ve reflejado en las redes sociales, donde los reclamos están a la orden, pues al parecer sus votantes (que no fueron pocos) esperan de ellos una postura más radical (que por lo visto no llegará), y las críticas se reparten entre los perfiles de su fracción, los de cada edil y el del propio Javier, quien al parecer de vez en cuando les da algún norte mientras espera pacientemente y en silencio el 2021.

Claro, para ese año es posible que estos tres regidores hayan encontrado una identidad política diferente, y no necesariamente empática con Mendoza Márquez, quien podría también abandonar el discurso independentista para abrazar algunas siglas, dejando a sus muchachos colgados de la brocha.

Por donde se le vea, en el escenario que se imagine, la historia del equipo javierista pinta para ser una tragedia en el sentido clásico y literario, pero a todos nos gustan las buenas tragedias, y en esta muere de forma abrupta la independencia, condenados sus regidores desde ya, como un Sísifo, a ceñir su postura a otras voces cantantes del cabildo, voces que sí tienen siglas.

Otro que era independiente

El hoy regidor Uriel Agustín Pineda alguna vez buscó ser candidato independiente. Al no resultar la recolección de firmas y al río revuelto de las semanas previas al arranque de campañas, el hoy edil por MORENA recibió el amparo de la candidata de ese partido, emanada de los desaparecidos PES y PANAL, y se convirtió al morenismo mientras llegaba la primera catorcena.

Al pasar este momento, el edil ha sido señalado todo el tiempo de ser, junto con el priista Ezequiel Mancera, un alineado al gobierno de Elvira Paniagua extraído de la oposición. Tal parece que los amlovers de Celaya comienzan a desarrollar la “maldición del regidor veleta”, y no les bastó con Inés Piña.

Cabe mencionar que Pineda Soto ha hecho públicos en sus redes sociales actos de entrega de sillas de ruedas y otros apoyos en especie para personas con discapacidad, y nada de esto levantaría suspicacias de no ser porque el edil tiene precisamente un negocio de este tipo de productos. Esto podría atraerle reflectores, y no de los buenos, en lo muy próximo.

El bloque opositor que han formado los dos morenistas restantes, los independientes y el regidor del PVEM, ven a Uriel como alguien políticamente distante, básicamente un panista más.

Por el otro lado, los panistas ven al regidor con un recelo que de momento no pasa del comentario de pasillo, pero que cuando se agudicen los tiempos electorales seguramente tendrá buen volumen, pues mientras los panistas reciben la venia y gracia de la alcaldesa después de años de militancia, el ex moreno accede al mismo privilegio sin haber sufrido ni tantito.

Total que no recibe la confianza ni en un lado ni en otro. ¿Con qué capital político se quedará el regidor de Italia Almeida al final de todo esto? Quizá no mucho, aunque parece que sí le importa el tema, pues se le ve cercano a alguien que hizo exactamente lo contrario, se pasó del PAN a MORENA, Ricardo Shiffield.

Azules, morenos, rojo y verde serán motivo de otra entrega. Agárrense, chavos.

Comments

comments