Aquí todo sigue igual como cuando estabas tú, Diego

Esta semana hemos sido testigos de un hecho sin lugar a dudas: el gobernador de Guanajuato prefiere hacer un acto público en Santa Rosa de Lima que en Celaya. Y ante esto no queda más que pensar lo que dijera el síndico Jorge Armengol hace unos días, “la forma es fondo”.

No dudamos que las invitaciones estén hechas por parte de la presidente municipal, pero el mandatario local parece encontrar siempre razones de peso para evitar colar esta ciudad en su agenda, al menos de manera pública, y le saca la vuelta a algo que hace a penas unos meses, aún con desencuentros, era lo más típico de cualquier gobernador de Guanajuato.

El titular del Ejecutivo estatal venía, Desarrollo Social alguien le acarreaba los aplausos y porras de unos cientos personas que no sabían porqué estaban ahí, se cortaba un listón, se caminaban algunos metros para la foto y al helicóptero para seguir la gira. Todo eso se acabó para Celaya y nadie sabe muy bien porqué.

Lo peor es que, como están las cosas, quizá lo mejor es precisamente no saber porqué.

Viejo, mi querido viejo…

Cuando uno ve la edad de los regidores panistas se imagina que la presidente buscó rodearse de personas experimentadas, que no se cuecen al primer hervor.

Fracción panista visiblemente molesta.

Pero parece todo lo contrario. La semana pasada en sesión de Ayuntamiento, o más bien al terminar la misma, dieron cuenta de su delgada piel con un enojo y palabras alzadas de tono en sus oficinas, todo por culpa de la regidora incómoda, Bárbara Varela.

A la morenista se le ocurrió decir que Celaya apesta, aludiendo quizá al crisol de aromas que el turismo puede disfrutar en la ciudad, desatando un raro intercambio de acusaciones en el Pleno.

Entre los improperios, Rebeca Lomelín argumentó ausentismo de Varela en las comisiones, sin presentar pruebas. Hoy es el quinto día que la panista no se para en su oficina, la hemos ido a buscar. El chiste se cuenta solo.

El caso es que, si a la opositora le falta tacto y experiencia, a los blanquiazules les falta autocontrol para demostrar que, precisamente, son lo contrario.

Llueve sobre mojado

Parece ser que Dagoberto Serrano, el director de cultura, recibió un coscorrón oficial y reanudó relaciones con el Conservatorio de Música, con el empresariado de por medio.

Y es que escapa al mundo de la inteligencia pensar que dos instituciones de vocación relacionada no tuvieran cooperación, como sigue costando trabajo pensar que el ballet del Tecnológico Nacional de México en Celaya (antes ITC) se fue de gira nuevamente a representar a México y a Celaya por Europa y el Instituto que alegremente dirige Serrano no aportó ni un clavo, rota la relación con el ballet de la institución federal.

Y espérense a ver el señor jalón de orejas que quizá le darán cuando se sepa que se negó rotundamente, de cara al Obispo y ante un selecto grupo, a ceder el terreno de lo que fue “La Nave”, ya antes apalabrado para una catedral. A lo mejor no acaba el año.

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