Dagoberto y las mandolinas mágicas II

No cabe duda que la oposición más dura que tiene el gobierno de Celaya son sus propios funcionarios. Entre ellos causan más dolores de cabeza en las oficinas presidenciales que los llamados “bloque opositor”, y para muestras Rebeca Lomelín y Dagoberto Serrano.

El señor de la capa con listones no tuvo suficiente con agenciarse el VI Festival Internacional de Blues de Celaya y poner en los carteles que fue el primero en existir, ni con presumir como propios todos los logros que sus coordinadores han tenido de toda la vida (con o sin director); ahora se agandalla un programa de literatura de la regidora Mónica Delgado y se adelanta con una rueda de prensa donde el prensado fue él, pues su coordinador Juan Manuel Ramírez le increpó públicamente la monería que estaba haciendo.

Dicen los que vieron que incluso, previo a la triste rueda, hubo conato de golpes. Lamentable.

Y es que Egoberto Serrano, como le apodan en secreto sus colaboradores, tiene cierta aversión -que no es ningún secreto- contra las regidoras Mónica y Bárbara Varela, girando una instrucción para que esta última, si es que se para en algún evento cultural, no sea presentada ni mencionada y mucho menos integrada en el presidium, instrucción que muchos siguen al pie de la letra por miedo o por lambisconería, vaya usted a saber qué habas se cuecen en el centenario edificio de Democracia 101.

LE GUSTAN ENTACONADAS

La cosa está lejos de terminar, porque el director, quien sigue dando abrazos que nadie le pide, aún tiene latente una posible denuncia por acoso por parte de su ex directora jurídica, asunto que tuvo qué parar el propio secretario de Ayuntamiento, Hugo Arias, para no desatar un escándalo que podría causar un daño a la imagen del Municipio de proporciones no estimables.

Tentando a su suerte luego de este episodio, ha dado la orden de que ninguna mujer trabajadora del Instituto de Cultura de Celaya puede presentarse a trabajar con zapatos de piso, tiene qué usar tacones. Claro, por imagen. No tiene nada qué ver con el párrafo de arriba, mal pensados.

Desde que llegó el mandato fue que la vestimenta debe ser “formal casual”, nada de andar en huaraches ni huipil ni nada de eso que podría indicar que trabajan en algo relacionado con arte y cultura. Deben vestirse como si trabajaran en una fábrica de cajas de cartón.

Sin tomar en cuenta los reglamentos que no establecen medida al respecto y la clara violatoria a los Derechos Humanos de las trabajadoras, la orden está y se cumple.

ADIÓS, LOLITA; HOLA AVIADORES

El agandalle tiene extensión en los otros edificios, por ejemplo en el Ximhai, donde Dolores de Lemus (ex primera dama) había armado una sala de lectura que estaba a punto de arrancar.

Pues nada, que a nuestro personaje se le ocurrió inaugurarla un día antes y sin invitar a la impulsora. Resultado: Lolita agarró sus libros, se fue y ahora esa sala de lectura tiene éxito en el Barrio de Tierras Negras.

El repudio a la administración anterior por parte de la actual tuvo un particular arraigo en Serrano, quien habló de fulano y mengano como aviadores y buscó desterrarlos. No obstante hoy no hay nómina más gruesa que la administrativa del IMAC, donde hasta las asistentes tienen asistentes, pues en sus propias palabras “hubo mucha gente que apoyó en campaña y hay qué buscar dónde acomodarlas”, así lo dijo en una primera reunión con sus coordinadores.

Aunque no todo mundo tiene acceso a las oficinas administrativas para comprobar lo aquí descrito, sí puede ir a los eventos culturales y comprobar que, efectivamente, en el área de Logística que es la que coloca los escenarios, hay un ex escolta de la oficina presidencial que no hace mucho, por la sencilla razón de que no distingue un cable de otro ni sabe colocar una bocina, solo está por ahí parado, pajareando. ¿Qué hace ahí, cómo llegó? Nadie sabe.

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