¡Espejito, espejito!

No son los granadazos, las matazones, las desaparecidas de cada día o que nunca lleguen las patrullas cuando se les llama, no es la corrupción encubierta desde la Contraloría… Es su imagen pública lo que le importa como prioridad al gobierno municipal.

Es así que quien estaría ocupando el cargo ahora será el cuarto titular de Comunicación Social y quien se enfrentará a la titánica tarea de lograr que quienes mandan en Independencia #101 perciban su imagen prístina, lozana, firme y segura ante la opinión pública que tiene por mala costumbre atravesársele a las balas en la calle.

La falta de resultados en seguridad ha ameritado a penas tenues cambios en el gobierno, más por voluntad de los cambiados o de gobierno del Estado que por estrategia local; hay en el gabinete directores con fuertes señalamientos y hasta escándalos que justificarían su salida de la nómina y no sucede, pero en Comunicación, ahí donde se confecciona el ropaje del Rey, ahí sí no hay ‘pero’ que valga.

Y es que, a diferencia de los anteriores, Gustavo Gómez había empezado donde se debía, es decir, en el sentido común, que significa hacer lo que se puede con lo que se tiene, buscando sacarle jugo a las piedras que son los pequeños eventos, amasando un reducido capital de imagen que ya vería más adelante cómo hacer rendir… pero no fue suficiente. O quién sabe, porque explicaciones no le han dado.

Ese es el tamaño del reto para quien se encargará de tal oficina, añadiendo que el año electoral está ya dando sus primeros aromas. Pero bueno, es de deducirse que esto está más que hablado desde hace semanas…

Como en toda administración hay logros, pero o son muy pequeños, o más grandecitos pero no se cacarearon a tiempo, o la medalla se la colgó otro, o traen errores, o simplemente tuvieron la mala suerte de suceder al tiempo que algún asesinato o alguna situación de interés nacional, produciendo cualquier cantidad de materiales informativos dispares, variopintos, magros, ralos, chaparros, zancones, chupados o remendados, como el primer ejército de mi colega, el cura Hidalgo.

Fabricar -y pronto- con ese material un espejo de marfil para la administración y su titular es una tarea de orfebre, difícil, larga, minuciosa, pero no imposible. Éxito a quien la emprenda, que para ello tendrá que lidiar con un gabinete que también parece el primer ejército de Hidalgo.

Componer esta ciudad para quien se vea en ese espejo, esa es una obligación que nadie le tendría qué recordar en espacios como este.

Comments

comments