Corrupción en Obras Públicas

Con el folio 29970/2020 la Secretaría de la Función Pública turnó una denuncia a la Secretaría de Transparencia y Rendición de Cuentas; se trata de contratos de obra pública en Celaya asignados a quien es sobrino del actual titular de la Dirección de Obras Públicas, Juan Gaspar García Aboytes, asignaciones que podrían ascender a más de 35 millones de pesos.

El (aún) presunto caso de corrupción se fundamenta en que el señor Alfonso Rodríguez Cuéllar, representante de la constructora Crylsa, es hijo de Imelda Cuéllar García, prima del titular de Obras Públicas en esta ciudad.

Dicha constructora habría resultado ganadora del concurso para una nueva obra en el Centro de Disposición Final de Residuos Sólidos (Tinajitas) y también la obra de la calle Constitución en la colonia Los Ángeles, sumando 35 millones 426 mil pesos aproximadamente.

Lo anterior es solamente “hasta donde se sabe”, porque de momento es imposible solicitar mayores datos a la Unidad de Transparencia, debido a que desde hace dos meses se encuentra inactiva con prórrogas con pretexto de la contingencia del Covid, pues mientras las otras oficinas de gobierno se las arreglaron para hacer roles de guardias y “home office”, dicha unidad decidió bajar la cortina ante la imposibilidad de trabajar a distancia, pero al parecer será este 1 de julio cuando irremediablemente se incorporen nuevamente a sus labores.

¡PERO SI TODO ES TAN TRANSPARENTE!

Esta información sale a flote y opaca sin duda la medalla de haber gestionado 10 millones de pesos más para adquirir luminarias, y ante otras quejas por obras mal realizadas que con términos ambiguos como “mejoramiento” urbano le sacan millonadas al erario sin reflejarse en que algo pues, mejore.

Siempre ante la indignación de ediles que, en Comisión de Obras, sostienen que todo está en orden, entre ellos el regidor Carlos Rivas y la regidora Rebeca Lomelín, para quienes todo esto de seguro es solamente una alegre confusión familiar.

Comisión por cierto, que como todas, no es abierta al público, también con el pretexto de la pandemia y la falta de infraestructura y personal (aunque cuando empezó la administración se dijo con la mano en la cintura que “sobraban personas en Comunicación”). Esto aunado al caso de la Unidad de Transparencia sitúan a Celaya en un oasis de opacidad. En Celaya hoy es, administrativamente y en cuestión de rendición de cuentas, 1970.

No extraña que Rivas y Lomelín se sientan entonces “en sus meros tiempos”.

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El Padre Kino es un autor producido con las mejores uvas de la viña del señor. Es columnista exclusivo de elcelayense.com.mx y todavía ningún médico ha podido diagnosticarle esquizo. Cualquier problema con esta galana pluma hágalo saber para tomar nota en nuestra máquina de escribir invisible.